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Alfa 65
El primer número de Alfa de 2026 propone un recorrido integral por el ámbito nuclear, en el que convergen la innovación tecnológica, el análisis regulatorio y la memoria ambiental. El eje central de la publicación se detiene en la tecnología láser de alta intensidad, explorando sus aplicaciones más punteras: desde la producción de radioisótopos para el diagnóstico médico hasta el desarrollo de sistemas de dosimetría adaptados a pulsos ultracortos. Esta tecnología no solo resulta clave en la medicina, sino que se revela fundamental en el análisis de materiales, la descontaminación de instalaciones y la investigación avanzada en fusión nuclear, conectando los avances científicos recientes con los desafíos de seguridad que marcan su evolución actual.
La entrevista se dedica a Jaime Domínguez Abascal, presidente de la Real Academia de Ingeniería, quien aporta una visión profunda sobre la evolución de esta materia, la transferencia de conocimiento y la necesidad de reforzar las capacidades europeas en ámbitos estratégicos. Su planteamiento subraya que la innovación exige continuidad y una conexión efectiva entre la investigación, la industria y el servicio público.
La publicación reserva un espacio para la presencia de la ciencia en la cultura popular y la historia. La sección dedicada a la relación entre ciencia y superhéroes muestra cómo la radiactividad y la física teórica alimentaron los relatos heroicos del siglo XX, convirtiéndose en símbolos sociales de poder y transformación. Esta perspectiva histórica culmina con la figura de Enrico Fermi, cuya claridad conceptual y capacidad para resolver problemas complejos siguen siendo una referencia fundamental para entender los desarrollos más influyentes de la física nuclear contemporánea.
Jaime Domínguez Abascal l Presidente de la Real Academia de Ingeniería

«Europa debe esforzarse por atraer talento y, sobre todo, evitar su fuga, especialmente en áreas punteras de la ingeniería»
Jaime Domínguez Abascal es catedrático de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Sevilla y presidente de la Real Academia de Ingeniería. Su trayectoria se ha centrado en la dinámica e integridad estructural de sistemas mecánicos y en biomecánica, con trabajos sobre vibraciones no lineales, impacto, fatiga y crecimiento de grietas en componentes mecánicos, así como sobre el comportamiento biomecánico del tejido óseo. Ha desempeñado responsabilidades relevantes en la organización del sistema de investigación, como director de la Oficina de Gestión de la Investigación Científica y Técnica (OGICYT) y de la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) de la Universidad de Sevilla o coordinador en la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP). Dirige el Centro Andaluz de Metrología desde 2001 y participa en órganos de gobierno del International Center for Mechanical Sciences. Académico de la Real Academia de Ingeniería desde 2001, ha recibido, entre otros, el Premio Andalucía de Investigación Antonio de Ulloa.
Su carrera ha combinado investigación en ingeniería mecánica, más de un centenar de proyectos de I+D y responsabilidades en gestión científica. ¿Qué etapas han sido más determinantes en su trayectoria?
Sin duda, las más determinantes han sido aquellas etapas en que las que he mejorado de forma intensa mi formación, especialmente durante la realización de la tesis doctoral y los más de dos años de estancia en centros internacionales de investigación. La decisión que marcó un punto de inflexión fue la de abandonar mi trabajo como ingeniero en la industria, tras terminar la tesis, para dedicarme plenamente a la docencia, la investigación y la transferencia de conocimiento en la universidad.
Obtuvo la cátedra de Ingeniería Mecánica con apenas veintiocho años. ¿Cómo ha evolucionado la investigación en la universidad española desde entonces?
Cuando inicié mi carrera, en ingeniería había pocos investigadores dedicados plenamente a esta labor, aunque ya había algunos de gran nivel, que nos inculcaron el espíritu investigador a los jóvenes de aquella época. Actualmente, se hace mucha más investigación en general, pero su orientación se ha desplazado en exceso hacia la producción de artículos científicos, en detrimento de trabajos con un impacto profundo en la ciencia, la ingeniería y la sociedad.
¿Cómo ha cambiado en estas décadas el ecosistema investigador español de ciencia, ingeniería e innovación?
A finales de los años ochenta y principios de los noventa del pasado siglo se hizo un gran esfuerzo por impulsar la investigación y la transferencia de conocimiento con los planes nacionales, los sexenios de investigación, la creación de la ANEP, las OTRI, la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI) y, posteriormente, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA). Estos instrumentos han sido fundamentales para el desarrollo de la investigación. Sin embargo, como decía anteriormente, se ha centrado demasiado en la publicación de artículos en revistas de impacto y menos en realizar una investigación de impacto económico y social a medio y largo plazo. Es necesario reorientar algunos criterios, fomentando la creación de grupos potentes de investigación, equipos interdisciplinares y la investigación con objetivos de impacto real.
La ingeniería española ha experimentado una transformación profunda en las últimas décadas. ¿Cuáles han sido para usted los cambios más decisivos?
La participación en proyectos internacionales, principalmente europeos, y la colaboración con el entorno socioeconómico. Sin duda, han permitido dar un salto cualitativo en los objetivos de los proyectos y en su desarrollo.
¿Qué papel juega la Real Academia de Ingeniería para favorecer la proyección internacional de la ingeniería española y la circulación de talento y conocimiento entre España y los grandes polos científicos?
Uno de los principales objetivos de la Real Academia de Ingeniería es promover la calidad y la competencia de la ingeniería, tanto a nivel nacional como internacional. A nivel nacional, promovemos premios a jóvenes investigadores en ingeniería y empresas innovadoras, con la participación de un buen número de candidatos. A nivel internacional, la colaboración con academias de otros países a través de las organizaciones de academias europeas, Euro-CASE (Consejo Europeo de Academias de Ciencias Aplicadas, Tecnologías e Ingeniería), e internacional, CAETS (Consejo Internacional de Academias de Ingeniería y Ciencias Tecnológicas), permite analizar problemas de relevancia económica y social, así como proponer soluciones y estrategias en los congresos anuales de ambas organizaciones.
¿Cuál debe ser la misión de Europa y de España en este sentido?
Europa debe esforzarse por atraer talento y, sobre todo, evitar su fuga, especialmente en áreas punteras de la ingeniería, que serán decisivas para el desarrollo futuro, como son la digitalización, la computación cuántica, la inteligencia artificial o la fusión y otras energías renovables. Como país con peso en Europa, España puede y debe desempeñar un papel relevante.
Una parte importante de su trabajo se ha centrado en la dinámica de sistemas mecánicos con elementos flexibles y en fenómenos complejos como vibraciones no lineales o impactos. ¿Por qué siguen siendo fundamentales en el diseño de sistemas tecnológicos avanzados?
Las máquinas actuales requieren estructuras más ligeras –por tanto, más flexibles– y mayor eficiencia, lo que implica velocidades de funcionamiento más altas. Esto hace que la dinámica de vibraciones tenga un papel crucial, pues incrementa esfuerzos y puede generar inestabilidades. Un ejemplo claro es el aumento de la velocidad de los trenes, que ha exigido nuevos diseños de vías, suspensiones, pantógrafos y catenarias debido a los problemas dinámicos y de estabilidad derivados de esas mayores velocidades.
Ha investigado procesos como fatiga, crecimiento de grietas o fenómenos asociados al fretting. ¿Qué importancia tienen en la seguridad y fiabilidad de infraestructuras y sistemas industriales?
El conocimiento del comportamiento a fatiga de sistemas estructurales de las máquinas es fundamental para la seguridad y la eficiencia, ya que un porcentaje muy alto de los fallos en sistemas mecánicos tales como ferrocarriles o aviones son debidos a fatiga. Comprender estos procesos permite diseñar sistemas más seguros y establecer protocolos de inspección que eviten el crecimiento de grietas hasta provocar fallos que en muchos casos pueden catastróficos.
¿Qué aportaciones puede hacer la ingeniería mecánica al avance de la medicina y la biotecnología?
La ingeniería mecánica es cada vez más relevante en medicina y biotecnología, siempre en estrecha colaboración con los profesionales sanitarios. Hasta hace poco, solo se consideraba el efecto de la química sobre el comportamiento de los órganos y tejidos, pero hoy sabemos que los estímulos mecánicos también modifican el comportamiento. El ejemplo más simple y bien conocido es el desarrollo muscular y óseo con el ejercicio físico. Además, la ingeniería mecánica permite simular el comportamiento mecánico de tejidos, como arterias, o implantes antes de su colocación, con lo que ello puede servir de ayuda en las intervenciones quirúrgicas.
¿Cómo han cambiado las herramientas y metodologías de la ingeniería –simulación, modelización, análisis experimental– en las últimas décadas?
Las herramientas y metodologías han cambiado por completo. Cuando realicé mi tesis, en mi Escuela solo había un ordenador con 64 kB de RAM y 2 MB de almacenamiento. Hoy cualquier portátil dispone de al menos 16 GB de RAM y más de 500 GB de almacenamiento, con velocidades de cálculo miles de veces superiores. Hoy, los programas de simulación permiten reproducir comportamientos inimaginables entonces, y los métodos experimentales han avanzado de forma extraordinaria, permitiendo ensayos complejos, automatizados y de alta precisión.
¿Qué rasgos del modelo productivo español limitan el crecimiento basado en conocimiento y tecnología?
Nuestro modelo sigue sustentán - dose en actividades de bajo valor añadido y baja productividad. Es imprescindible evolucionar hacia un modelo más industrializado, basado en el conocimiento, la digitalización y actividades de alto valor añadido como la ingeniería, la consultoría o los servicios financieros avanzados.
Europa pierde posiciones relativas frente a Estados Unidos y China en sectores tecnológicos estratégicos. ¿Por qué?
Existen diferencias que proceden, entre otros factores, de una mayor inversión en ciencia y tecnología, una digitalización más avanzada y economías de escala superiores. Para competir, Europa debe refor - zar la agrupación de recursos hu - manos y materiales y aumentar su inversión en ellos y en proyectos de mayor riesgo.
¿Qué puede aportar la ingeniería para cerrar la brecha de productividad respecto a los países más avanzados de la Unión Europea?
çLa ingeniería es esencial. El pro - greso vendrá de la mano de nuevas tecnologías, digitalización e inteli - gencia artificial. La ingeniería es la responsable de absorber y aplicar estas innovaciones, lo que exige invertir en formación y promover el talento científico y tecnológico, especialmente en las profesio - nes STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics).
¿Qué es necesario para reforzar la transferencia de conocimiento hacia el tejido productivo?
Es fundamental intensificar la co - laboración entre empresas, centros de investigación y centros tecno - lógicos, que actúan como puente entre ambos. Los proyectos con - juntos, así como las estancias pro - longadas de investigadores en em - presas y de tecnólogos en centros de investigación, son herramientas clave para mejorar la transferencia de conocimiento.
