CSN Observatorio Astronómico de Calar Alto (CAHA) - Alfa 64 Revista Alfa

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Alfa 64

En el último número de Alfa de 2025 la seguridad y la protección radiológica sirven de hilo conductor a través de tres reportajes. El primero se centra en los combustibles de tecnología avanzada, una de las líneas de innovación más activas en el ámbito internacional. El segundo traslada al escenario de la conservación de la fauna amenazada. El Proyecto Risótopo muestra cómo el uso controlado de radioisótopos puede convertirse en una herramienta innovadora para combatir la caza furtiva de rinocerontes. El tercero aborda el papel de las instalaciones nucleares en contextos de conflicto armado. La entrevista a Isabel Fariñas reflexiona sobre el valor de la ciencia básica, el peso de la evidencia experimental en la toma de decisiones y la importancia de sostener proyectos de largo recorrido para que el conocimiento acabe traduciéndose en beneficios clínicos y sociales. 

La sección más técnica de Alfa profundiza en el uso de herramientas avanzadas de simulación para el estudio de incendios en centrales nucleares -fruto de años de colaboración entre el CSN y la Universidad de Cantabria- y también revisa la experiencia acumulada en vigilancia radiológica ambiental. En España, el Consejo desarrolla desde hace más de tres décadas un completo sistema que garantiza el seguimiento continuo de la calidad radiológica del medioambiente.

La Radiografía nos acerca el funcionamiento de las subestaciones de 400kV y la forma en que la energía producida por las centrales nucleares españolas en servicio se incorpora a la red de transporte eléctrico. Además, la sección Ciencia y Arte se detiene en esta ocasión en la aplicación de técnicas científicas al estudio y conservación del patrimonio. En las páginas de I+D, el protagonismo recae en un trabajo dedicado al Proyecto Karst y al estudio del radón en entornos kársticos. 

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Observatorio Astronómico de Calar Alto (CAHA)

El observatorio almeriense consolida su papel como infraestructura científica de referencia con proyectos internacionales, instrumentación avanzada y una firme apuesta por la excelencia y el futuro.

Texto: Pablo García | Fotos: CAHA

El Observatorio Astronómico de Calar Alto o Centro Astronómico Hispano en Andalucía (CAHA), situado en la Sierra de los Filabres a más de dos mil metros de altitud, es una de las instalaciones de investigación científica en el ámbito de la astronomía óptica e infrarroja más relevantes de Europa. Desde su fundación oficial en 1975, ha pasado de ser un proyecto pionero en España a consolidarse como una Infraestructura Científica y Técnica Singular (ICTS) al servicio de la comunidad científica internacional.

Su director, Jesús Aceituno, explica que «el objetivo principal de Calar Alto es ofrecer una infraestructura de primer nivel para la observación astronómica, garantizando la excelencia científica, la innovación tecnológica y la sostenibilidad». Calar Alto centra su labor en el estudio de un amplio catálogo de fenómenos astronómicos: la formación y evolución de galaxias, la caracterización de exoplanetas, el análisis de cúmulos estelares y supernovas o la observación de asteroides cercanos.

Uno de los mayores logros de los últimos años ha sido el desarrollo del proyecto CARMENES (cuyas siglas en inglés responden a Búsqueda de alta resolución de planetas tipo Tierra alrededor de enanas  M con espectrógrafos Échelle en el infrarrojo cercano y el visible del Observatorio de Calar Alto»): un espectrógrafo doble –óptico e infrarrojo– de alta precisión, instalado en el telescopio de 3,5 metros. Diseñado y construido por un consorcio internacional liderado por España, ha permitido detectar más de sesenta exoplanetas, de los que unos quince presentan condiciones comparables a las de la Tierra en la zona de habitabilidad. Incluso se ha llegado a detectar oxígeno molecular en algunas de sus atmósferas.

El impacto del proyecto ha sido notable. El observatorio colabora actualmente con misiones espaciales de la Nasa y la ESA, como TESS, Kepler o el telescopio James Webb, que utilizan datos recopilados en Calar Alto para confirmar descubrimientos y descartar falsos positivos. Gracias a CARMENES, el centro se ha situado en primera línea internacional de la investigación de exoplanetas.

Infraestructura

El observatorio cuenta con dotación instrumental avanzada para cubrir una amplia gama de programas. El telescopio principal, de 3,5  m de diámetro, combina espectroscopía de alta resolución y observaciones en el infrarrojo cercano, algo poco habitual en su rango que lo convierte en un instrumento versátil y competitivo en la investigación de frontera dentro del panorama europeo. A su alrededor operan otros telescopios que complementan su capacidad observacional:

  • Telescopio de 2,2 m, idóneo para grandes programas de cartografiado y fotometría de precisión.
  • Telescopio de 1,23 m, para seguimiento de objetos variables y eventos transitorios.
  • Telescopio Schmidt, de 0,8/1,2  m, empleado en colaboración con la Agencia Espacial Europea para la detección y monitorización de objetos cercanos a la Tierra.

La labor de observación se complementa con tecnología auxiliar de alta precisión: los espectrógrafos permiten descomponer la luz estelar y analizar su composición y movimiento; las cámaras de gran campo capturan imágenes de alta resolución, y los detectores de última generación reducen el ruido electrónico, lo que aumenta la sensibilidad y permite obtener resultados con precisión milimétrica.

Las imágenes y mediciones obtenidas en Calar Alto son resultado de un proceso técnico complejo. La luz de los objetos astronómicos se recoge mediante el espejo principal del telescopio, que la refleja y se registra en un detector CCD o infrarrojo. Posteriormente, los datos se calibran y procesan mediante software especializado que elimina imperfecciones y ajusta los niveles de brillo, dando lugar a la imagen final.

El observatorio utiliza programas y herramientas especializados como IRAF, MIDAS o Python, para transformar datos en información útil, científica o divulgativa: «La imagen científica contiene información en bruto, calibrada y medida con precisión, mientras que la divulgativa se compone a partir de esos datos, aplicando ajustes de color y contraste para resaltar estructuras o fenómenos. En esencia, la imagen divulgativa busca transmitir belleza y comprensión, sin alterar la veracidad científica del contenido», explica el director del observatorio.

Otro aspecto singular es la ubicación de las instalaciones. Su altitud, a 2168  m en plena Sierra de los Filabres, ofrece condiciones excepcionales de observación gracias a su estabilidad atmosférica y la baja contaminación lumínica. Sin embargo, plantea desafíos logísticos: está situado bajo la capa de inversión térmica, la zona que separa el aire frío del cálido superior. Esto implica que sufre fenómenos meteorológicos locales, como nubes o precipitaciones, especialmente en invierno. Aún así, su ubicación supone una ventaja frente a otros observatorios, ya que queda protegido de fenómenos como la calima, que sí afecta con frecuencia a los telescopios situados por encima de esa capa, como los de Canarias. El centro colabora activamente con las distintas administraciones para protegerlo de la contaminación lumínica y garantizar un recurso científico de alto estándar. Además, la gestión ambiental y la sostenibilidad energética son líneas de trabajo cada vez más presentes en la agenda del observatorio.

Gestión de datos y nuevas tecnologías

Cada noche se generan grandes volúmenes de información que precisan gestión y almacenamiento eficientes. Para ello, dispone de servidores de alta capacidad, sistemas automatizados de clasificación y respaldo de datos. El equipo trabaja en una integración progresiva del uso de inteligencia artificial y análisis masivo de datos con el fin de clasificar objetos, filtrar observaciones y optimizar tiempos de análisis. Una parte importante del trabajo del observatorio se basa en la ciencia abierta: «Los datos científicos del observatorio se publican tras un periodo de embargo y son accesibles a través del Archivo Público de Calar Alto. Además, participamos con redes internacionales de datos abiertos que permiten a investigadores de todo el mundo acceder a la información obtenida desde nuestros telescopios», señala Aceituno. En este sentido, el observatorio mantiene una amplia red de colaboraciones internacionales con agencias espaciales, universidades y otros centros de investigación. La interoperabilidad de datos permite combinar observaciones de diferente instrumental y obtener resultados más completos y precisos.

Calar Alto afronta los próximos años con una agenda de proyectos que refuerzan su posición en la astronomía europea. Entre ellos, destacan TARSIS –espectrógrafo de campo integral de nueva generación– y MARCOT –red de telescopios combinados que permitirá observaciones simultáneas–. Ambos están orientados a mejorar la capacidad instrumental y la competitividad científica de la instalación. «El futuro de Calar Alto pasa por consolidar su posición como referencia europea en instrumentación astronómica intermedia. En la próxima década, aspira a ser un centro clave de innovación tecnológica y de apoyo a misiones espaciales», sentencia Aceituno.