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Radioisótopos contra la caza furtiva: experimento sudafricano con rinocerontes

Sudáfrica concentra la mayor población de rinocerontes del mundo y es uno de los frentes más críticos de caza furtiva. En la última década se han perdido más de 10  000 ejemplares, a pesar de los esfuerzos de conservación. Frente a este escenario, el Proyecto Risótopo propone una estrategia inédita: insertar pequeñas cantidades de radioisótopos en los cuernos de los rinocerontes para hacerlos trazables mediante la infraestructura global de seguridad nuclear. Tras seis años de desarrollo y ensayos, la iniciativa entró en fase operativa en agosto de 2025, con el objetivo de desactivar el valor del cuerno en el mercado ilegal sin comprometer el bienestar ni la biología animal.

Texto: Mª José Prieto Fotos: OIEA. Reserva de la Biosfera de Waterberg, Sudáfrica 2025

El Proyecto Risótopo, impul - sado por la Universidad de Witwatersrand (Johannes - burgo, Sudáfrica) en colaboración con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), ha alcan - zado su fase operativa tras seis años de desarrollo, ensayos piloto, simu - laciones digitales y análisis basados en dosimetría biológica. Su propues - ta pasa por insertar radioisótopos de baja actividad en los cuernos de los rinocerontes para convertirlos en objetos fácilmente detectables por los sistemas de seguridad nuclear existentes en fronteras, puertos y aeropuertos de todo el mundo.

Este método, que combina biolo - gía, física nuclear y conservación, no daña al animal, sino que con - vierte su cuerno en un objeto ras - treable y, por tanto, inútil para el comercio ilegal. El mecanismo di - suasorio es directo: si los trafican - tes temen que los cuernos mar - quen las alarmas de radiación o, simplemente, si dudan de su ino - cuidad, el producto pierde valor. Si el riesgo percibido aumenta, el valor del producto disminuye y, con él, el incentivo económico para su comercio ilegal.

Lo que está en juego es crucial: Sudáfrica alberga la mayor pobla - ción de rinocerontes del mundo, y aun así ha perdido más de 10  000 ejemplares en una década. En 2025, solo en el primer trimestre, el Mi - nisterio de Silvicultura, Pesca y Medio Ambiente reportó 103 ani - males abatidos. En este contexto, proyectos como Risótopo no son una alternativa marginal, sino una respuesta urgente dentro del reper - torio de medidas de conservación.

Ciencia detrás del cuerno

Para comprender por qué este méto - do no implica daños para los rinoce - rontes, es necesario conocer la anato - mía del cuerno. A diferencia de otras estructuras, el cuerno de rinoceronte se compone casi exclusivamente de queratina, la misma proteína pre - sente en uñas y cabello humanos. No está irrigado por vasos sanguíneos ni conectado directamente a sistemas metabólicos internos.

Germán Orizaola, profesor titular de Zoología en la Universidad de Oviedo, resalta precisamente que «el cuerno no es una zona especialmente sensible ni debería alterar ninguna otra parte del animal». La baja irradiación utilizada en este proyecto se distribuye únicamente dentro de una estructura inerte. «Para verificarlo, se realizaron análisis de sangre y heces después de las inserciones. Los resultados fueron concluyentes. El cuerno no es una zona irrigada, así que era esperable que no se encontrara movilización de material radiactivo en otras partes del animal», explica Orizaola.

Pedro Luis Lorenzo, catedrático de Fisiología Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), detalla que «aunque el cuerno del rinoceronte está formado principalmente por queratina compacta, sin irrigación en la parte distal, ni inervación funcional ni intercambios de sustancias que puedan considerarse metabólicamente activas, la base del cuerno sí que tiene un lecho vascularizado e inervado. Por eso, cualquier técnica que se utilice para perforar el cuerno  debe asegurar que no interfiere en la zona viva, ya que, de lo contrario, podría producir dolor, inflamación, sangrado y, por supuesto, la diseminación del material radiactivo por el resto del organismo del animal. Si la técnica está contrastada y comprobada, la inyección de este tipo de material en lugares distales del cuerno podría disminuir mucho o completamente la exposición sistémica, siempre que las inserciones sean poco profundas y el material inyectado esté sellado convenientemente para evitar fugas».

Desde una perspectiva radiológica, Almudena Real, investigadora de la Unidad de Protección Radiológica del Público y del Medio Ambiente del Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), confirma la seguridad del procedimiento: «en las distintas fases del Proyecto Risótopo, se ha demostrado que no hay transferencia del compuesto incorporado en el cuerno al resto del animal y que la dosis de radiación en la cabeza del rinoceronte es muy baja. Los responsables del proyecto han afirmado que estas son aproximadamente una décima parte del valor de referencia recomendado por la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP) para la biota. En este sentido, es muy improbable que se puedan detectar alteraciones debidas a la radiación en los parámetros biológicos que son relevantes en animales (mortalidad, capacidad reproductora o morbilidad)».

Además, la técnica de inserción es mínimamente invasiva: se practica un pequeño orificio en el cuerno que se sella posteriormente con una masilla y no produce dolor, porque la queratina, como las uñas, no contiene terminaciones nerviosas. «En todo caso, es menos perjudicial que cortar el cuerno al rinoceronte, que sí es un elemento necesario de su fisiología e interviene en su selección sexual y de territorio», destaca Orizaola, para enfatizar que los métodos tradicionales de protección -el corte preventivo del cuerno- sí alteran la fisiología del animal y su comportamiento social.

Lorenzo matiza que «si la técnica se realiza una o pocas veces, con anestesia y sin complicaciones orgánicas, no es previsible que existan complicaciones a medio o largo plazo. Sin embargo, si la técnica no se realiza correctamente, cabe la posibilidad que estos defectos corneales (rotura, debilidad, dolor) puedan traducirse en una modificación del comportamiento del animal, influyendo en la capacidad de defensa, la consecución de alimento o causando problemas de jerarquización social».

Del laboratorio al campo

La innovación de Risótopo no reside únicamente en el marcado radiactivo, sino en aprovechar la tecnología ya existente. Existen miles de pórticos detectores de radiación instalados en fronteras, terminales de transporte y sistemas logísticos. Su función habitual es detectar materiales radiactivos no autorizados. Se trata ahora de aprovechar esa infraestructura como herramienta para frenar el tráfico de fauna.

Durante las pruebas, los investigadores utilizaron cuernos impresos en 3D con propiedades equivalentes a la queratina que fueron introducidos en equipajes de mano, contenedores de 40  pies (12  m) y envíos de carga aérea. Todos activaron los sistemas de alarma, incluso con cantidades mucho menores a las que serán usadas en el proyecto final. 

La apuesta no es solo tecnológica. Los responsables del proyecto entienden que la detección física se complementa con un factor psicológico: la aversión al riesgo. «Lo que sí veo efectivo es que la implantación de isótopos radiactivos genera dudas a la hora de manejar los cuernos en el mercado ilegal, no solo porque puede detectarse en aduanas y aeropuertos, sino porque la radiactividad en sí misma genera miedo. Me inclino a pensar que esta técnica tiene más un efecto disuasorio, detectable y preventivo», explica Orizaola.

Almudena Real coincide, aunque subraya la necesidad de integrar otras medidas sociales y legales: «creo que este proyecto pionero sí puede tener un efecto disuasorio, si bien ha de ir acompañado de otras medidas, como leyes que sancionen el tráfico de cuernos de rinocerontes».

Temor a los cambios evolutivos 

Los métodos de conservación suelen despertar preguntas sobre sus posibles consecuencias evolutivas. En este caso, sin embargo, los expertos coinciden en que el impacto sería mínimo o inexistente.

«Con la técnica de los isótopos no veo efectos negativos. Es más, lo que se viene haciendo hasta ahora con los rinocerontes es cortarles el cuerno para que no sean víctimas del mercado ilegal, y esta medida sí podría tener efectos a largo plazo porque el cuerno es una señal del estado fisiológico del animal e interviene en procesos de selección sexual. Por tanto, cortar el cuerno sí podría generar un problema evolutivo, aunque sea necesario en la actualidad para prevenir la caza furtiva», sostiene Orizaola.

La investigadora del CIEMAT insiste en que las dosis utilizadas son demasiado bajas para provocar mutaciones o daños hereditarios: «es muy improbable, por no decir imposible, que la dosis de radiación recibida por el rinoceronte, como consecuencia de portar isótopos radiactivos en su cuerno, produzca efectos en su reproducción o en su supervivencia. Se ha observado que las dosis de radiación en la cabeza del rinoceronte, al portar un isótopo radiactivo en su cuerno, son muy bajas y, por tanto, las dosis que pudieran recibir sus órganos reproductores serían mínimas. Para alterar la supervivencia hacen falta dosis medias-altas de radiación, habiéndose descrito un valor de LD50/30(dosis letal para el 50 % de los individuos en 30 días) para mamíferos de gran tamaño de 1,6-2,5 Gy (irradiación de todo el cuerpo)».

El catedrático de la UCM argumenta que «deben considerarse dos factores: la alteración de las pautas en los fenómenos reproductivos y si estos efectos se van a aplicar al conjunto de la población de rinocerontes o solo a unos pocos individuos. Si todos o casi todos los animales van a recibir el tratamiento, los déficits reproductivos afectarán a toda la población por igual y se minimiza el efecto grupal del tratamiento. Sin embargo, si los tratamientos se aplicaran solo a individuos o grupos seleccionados, serían los no marcados los que seguirían sufriendo la presión de la caza furtiva, disminuiría su reproducción y se realizaría una especie de selección solo de los grupos o individuos marcados, sin afectar a toda la población por igual. En principio, para evitar todo este tipo de sesgos sería importante intentar la aplicación masiva de la técnica junto con estudios de genética de poblaciones que permitan predecir características de las generaciones futuras de manera anticipada».

Real incorpora además la visión complementaria de la biología evolutiva: «en la evolución de las especies juegan un papel importante las mutaciones (alteraciones en el material genético). Muchos científicos apoyan la idea de que los cambios genéticos sean considerados una adaptación beneficiosa de los organismos al estrés o a la presencia de agentes contaminantes químicos y físicos. Es importante tener en cuenta que un cambio genético no siempre es negativo para el individuo que lo sufre».

Equilibrio ético

El uso de la tecnología nuclear en la fauna salvaje plantea dilemas filosóficos y éticos. ¿Debe intervenir el ser humano? Dada la situación crítica, ¿la intervención está justificada? Para Almudena Real, «los principios éticos están influenciados por factores específicos de cada país (culturales, religiosos, entre otros), por lo que es difícil contestar a esta pregunta desde el punto de vista ético. Sin embargo, uno de los tres principios básicos de la protección radiológica es la justificación. Cualquier decisión que altera la situación de exposición a radiación ionizante deberá ocasionar más beneficio que daño». Antes de ponerse en marcha, el Proyecto Risótopo incluyó una fase piloto, durante dos años, que analizó las posibles consecuencias de la incorporación de isótopos radiactivos en los cuernos de los rinocerontes. «Se observó que el método no causa efectos nocivos en la salud de los animales, de acuerdo con estudios realizados en la Universidad de Gante (Bélgica). El beneficio de reducir o incluso acabar con la caza furtiva de rinocerontes, lo que está poniendo a esta especie en peligro, parece evidente», explica la investigadora del CIEMAT.

Pedro Luis Lorenzo aclara que «el equilibrio ético se articula alrededor de varios principios: proporcionalidad (el grado de invasividad debe ser proporcional a la gravedad de la amenaza), minimización del daño (reducir al máximo el sufrimiento individual), precaución (no aplicar masivamente técnicas con riesgos desconocidos) y justicia intergeneracional (proteger a la especie para el futuro). Si se demuestra que el marcaje isotópico reduce significativamente la probabilidad de caza furtiva, y se realiza bajo estrictos estándares de bienestar, podría argumentarse que la intervención es moralmente justificada. Aun así, es esencial que estas decisiones se tomen de forma transparente, con participación de expertos en ética, representantes locales y autoridades de conservación. El objetivo no es normalizar la manipulación invasiva como primera opción, sino considerarla una herramienta excepcional dentro de un paquete más amplio de medidas que incluyan prevención, educación y cambios legales».

Un esfuerzo internacional que redefine la conservación 

Lo singular del Proyecto Risótopo no es solo la tecnología, sino su enfoque multidisciplinar. Colaboran instituciones de distintos continentes: las universidades de Wits y Gante, el OIEA, la Corporación de Energía Nuclear de Sudáfrica, la Reserva de la Biosfera de Waterberg y organizaciones de conservación como el Orfanato de Rinocerontes de Limpopo.

Orizaola destaca que esta coordinación es imprescindible. «Todas las técnicas que implican el manejo de especies animales tienen que coordinar a varias disciplinas científicas. Están muy bien hechas, con modelización en el ordenador del cuerno con dosis y zonas; un primer estudio piloto de rinocerontes en cautividad que escala a la siguiente fase, con ejemplares ya dentro de la reserva natural, y cuando se comprueba que no genera problemas, se amplía a otra fase».

Para Almudena Real, «además de biólogos, veterinarios y físicos, sería importante que en el proyecto participaran expertos en ciencias sociales y humanidades, ya que contribuirían a mejorar la comunicación de los objetivos, resultados y conclusiones del proyecto a la sociedad y podrían aportar información muy valiosa sobre la percepción que las comunidades locales y otras partes interesadas tendrían sobre proyectos de este tipo».

Pedro Luis Lorenzo hace hincapié en el objetivo: «en teoría, si los cuernos marcados pueden identificarse con facilidad en los puntos de tráfico y la probabilidad de condena aumenta, el coste percibido del delito también lo hará. Pese a ello, la historia del comercio ilegal de fauna muestra que las redes de tráfico se adaptan con rapidez: podrían intentar acceder a poblaciones no marcadas, falsificar documentación o mezclar cuernos marcados con no marcados. Un proyecto como Risótopo puede ser una pieza importante en el rompecabezas de la disuasión, pero no puede, por sí solo, revertir el tráfico si no se acompaña de cambios legales, culturales y económicos en los países de origen y de destino»

¿Un modelo para otras especies?

El proyecto abre la puerta a proteger a otras especies sometidas a la presión del tráfico ilegal. Los propios responsables del OIEA mencionan a elefantes y pangolines como candidatos potenciales. Orizaola, sin embargo, se muestra prudente. «El rinoceronte vive en unas condiciones muy concretas, muy controlado en refugios y reservas, por eso no sé si podría ser aplicable a gran escala y en otras especies que se encuentran en otras condiciones». No obstante, reconoce que esta «técnica de conservación da un paso más avanzado a la hora de acabar con un delito. Ante mercados invasivos, como el de la medicina tradicional asiática, hay que tomar soluciones casi desesperadas».

Real coincide en que las enseñanzas de Risótopo serán esenciales para proyectos análogos. «La aproximación científica ha sido cuidadosamente diseñada, realizándose un gran número de estudios para demostrar la inocuidad de la técnica, antes de aplicarla en los rinocerontes. Si bien cada especie animal tiene sus peculiaridades (incluyendo diferencias en su radiosensibilidad), las lecciones aprendidas en Risótopo serán de gran utilidad para futuros proyectos que pretendan utilizar una aproximación similar».

Mientras los rinocerontes marcados recorren Waterberg, monitorizados día y noche, el Proyecto Risótopo se prepara para ampliarse. La directora ejecutiva del proyecto, Jessica Babich, sintetiza su misión: «Nuestro objetivo es implementar la tecnología Risótopo a gran escala para ayudar a proteger una de las especies más emblemáticas y amenazadas de África. De esta manera, salvaguardamos no solo a los rinocerontes, sino también una parte vital de nuestro patrimonio natural».

Si la técnica logra reducir la caza furtiva, podría redefinir cómo entendemos la conservación en el siglo XXI. Convertir la radiación -tradicionalmente un símbolo de peligro- en una herramienta para proteger la vida salvaje es, en sí misma, una paradoja hermosa.