Alfa 67
El reportaje sobre la evolución de la gestión de residuos radiactivos aborda el cambio desde los antiguos vertidos oceánicos hasta la cultura actual de caracterización, confinamiento y vigilancia, apoyada en los hallazgos de las campañas submarinas NODSSUM en el Atlántico. El espacio dedicado al transporte de material nuclear se adentra en los sistemas técnicos y reguladores que permiten el movimiento anual de millones de envíos, analizando el reto de las denegaciones y demoras en radiofármacos. Por su parte, la entrevista a Silvia Calzón, consejera del CSN, aporta una reflexión sobre la prevención, la cultura de seguridad, la cooperación institucional y la importancia de que las organizaciones sean verdaderamente comprensibles para la sociedad.
El artículo técnico presenta las claves del almacenamiento geológico profundo de residuos radiactivos a partir de un taller internacional en Madrid con especialistas de más de veinte países. Completan el número la propuesta educativa «Aprender ciencia haciendo ciencia» para fomentar el juicio crítico en las aulas, el perfil de la plataforma PEPRI sobre coordinación de la I+D+i en protección radiológica, y la trayectoria de Katalin Karikó en «Ciencia con nombre propio» sobre el desarrollo de las vacunas de ARNm.
La ciencia ocupa un lugar cada vez más relevante en las decisiones sociales e individuales. La energía, el cambio climático, la salud, la inteligencia artificial o la genética plantean retos que exigen interpretar datos, identificar fuentes fiables y construir un juicio crítico. En este escenario, enseñar ciencia como método de análisis constituye una tarea central de cualquier sistema educativo.
La información científica ha adquirido una presencia inédita en la vida cotidiana. Los descubrimientos llegan a los medios de comunicación, circulan por las redes sociales y se incorporan a las conversaciones. Se habla de algoritmos, vacunas, emisiones, radiactividad, fenómenos meteorológicos extremos, edición genética o nuevas fuentes de energía; conceptos que hasta hace poco parecían circunscritos a ámbitos especializados.
Sin embargo, acumular información no implica comprenderla mejor. La abundancia de contenidos convive con explicaciones simplistas, titulares confusos, datos descontextualizados y mensajes de fuerte componente emocional sin respaldo suficiente en fuentes verificables. En una misma pantalla, una investigación fundamentada o una noticia rigurosa pueden aparecer junto a una interpretación sesgada o un vídeo que no identifica el origen de sus afirmaciones.
Los resultados de PISA 2022 permiten dimensionar este desafío. En España, el 79 % del alumnado de 15 años alcanzó al menos el nivel 2 de competencia científica, considerado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el nivel mínimo de referencia para desenvolverse en situaciones que requieren conocimientos científicos elementales. Esto significa que alrededor de uno de cada cinco estudiantes no llegó a ese nivel.
En el conjunto de la Unión Europea, el 24,2 % del alumnado quedó por debajo del nivel básico en ciencias en 2022, frente al 21,6 % de 2018. La presencia cotidiana de la ciencia y la tecnología no garantiza, por tanto, que se disponga de las herramientas necesarias para comprenderlas.
La educación científica cumple una función que excede la formación de quienes trabajarán en laboratorios, hospitales, universidades o instalaciones industriales. Debe proporcionar al conjunto de la ciudadanía recursos para interpretar una gráfica, comprender las indicaciones de un medicamento, valorar los beneficios y riesgos de una tecnología o participar con criterio en el debate público.
De memorizar respuestas a formular preguntas
Durante mucho tiempo, el aprendizaje de las ciencias se ha identificado con la asimilación de conceptos, fórmulas, leyes y clasificaciones. Ese conocimiento sigue siendo necesario, pero conocer las respuestas científicas no equivale a entender cómo se ha llegado a ellas.
El trabajo científico puede comenzar con una pregunta, una observación, un problema no resuelto o la necesidad de comprobar una explicación anterior. Según la disciplina y el objeto de estudio, se formulan hipótesis, se diseñan experimentos u observaciones sistemáticas, se reúnen datos y se comparan los resultados con las explicaciones disponibles. Los métodos y las conclusiones se someten al examen de la comunidad científica y pueden revisarse cuando aparecen nuevas evidencias.
Trasladar esta forma de trabajo al aula implica enseñar a preguntarse qué pruebas respaldan una afirmación. También supone entender el error como una oportunidad para revisar el proceso y asumir la duda razonada como punto de partida de la investigación. La circulación de mensajes simplistas en las redes sociales plantea el reto de formar al alumnado para que examine las afirmaciones, contraste las fuentes y distinga los hechos comprobados de las opiniones o interpretaciones.
La educación STEM, prioridad europea
En marzo de 2025, la Comisión Europea presentó el Plan Estratégico para la Educación STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics; Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). El documento plantea reforzar las competencias científicas desde la escuela, reducir el bajo rendimiento y ampliar la participación en los itinerarios STEM. Entre sus referencias figura el objetivo europeo de situar por debajo del 15 % la proporción de jóvenes de 15 años con bajo rendimiento en ciencias en 2030. El plan también propone medidas específicas para incrementar la participación de niñas y mujeres en los estudios y profesiones STEM.
Aprender haciendo
La educación científica adquiere una dimensión diferente cuando el alumnado trabaja con datos reales, diseña experimentos o entra en contacto directo con investigadores. Grandes organismos científicos y educativos mantienen programas que trasladan estas experiencias a estudiantes en edad escolar.
- CSIC: conectar las aulas con la investigación. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas desarrolla numerosas iniciativas para acercar la investigación al sistema educativo. El CSIC en la Escuela combina formación del profesorado, materiales didácticos y experiencias prácticas en colaboración con personal investigador. A esta labor se suman programas como Ciencia en el Barrio, Científic@s en prácticas y Exper-i-ciencia en Galicia, además de otras actividades impulsadas por institutos, centros y delegaciones territoriales del organismo.
- Rutas Científicas, Artísticas y Literarias. El Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes desarrolla este programa nacional, dirigido a alumnado desde 5.º de primaria hasta Bachillerato, Formación Profesional de grado medio y enseñanzas artísticas, además de determinados niveles de educación especial. La convocatoria 2026-2027 contempla ayudas para 96 grupos de 20 a 24 estudiantes y dos docentes cada uno, o de 10 a 18 estudiantes y de dos a cuatro docentes en educación especial.
- CNIC-JOVEN: investigación biomédica desde edades tempranas. El Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III desarrolla programas formativos dirigidos a diferentes etapas, desde Educación Secundaria y Formación Profesional hasta la formación universitaria, predoctoral y posdoctoral. Entre sus iniciativas figura Acércate, dirigido a estudiantes que han finalizado segundo de Bachillerato de Ciencias y Tecnología. El programa permite realizar experimentos, conocer técnicas de investigación biomédica y trabajar junto al personal investigador del centro. En 2026 celebró su decimoctava edición, con ocho participantes seleccionados. El CNIC también organiza estancias para alumnado de 4.º de ESO y ofrece prácticas de Formación Profesional en ámbitos como ciencias biosanitarias, informática y sistemas, y administración y finanzas.
- ESERO: el espacio como laboratorio educativo. La Agencia Espacial Europea abrió en 2006 la primera oficina de la red European Space Education Resource Office (ESERO), en los Países Bajos. En 2026, la red desarrolla actividades en 22 Estados miembros de la ESA y proporciona recursos y formación al profesorado para acercar las disciplinas STEM a millones de estudiantes. Sus proyectos utilizan el espacio como contexto para trabajar competencias científicas y tecnológicas mediante experiencias prácticas. Astro Pi permite desarrollar programas informáticos que se ejecutan en ordenadores situados en la Estación Espacial Internacional. Climate Detectives utiliza datos de observación de la Tierra para investigar problemas ambientales. Moon Camp propone diseñar hábitats espaciales. CanSat reproduce a pequeña escala las fases de una misión satelital.
- Beamline for Schools. Desde 2014, la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) organiza Beamline for Schools (BL4S), dirigido a estudiantes de secundaria de todo el mundo. Los participantes proponen un experimento de física de partículas y los equipos seleccionados pueden desarrollarlo con apoyo científico en instalaciones de investigación. En 2026 se recibieron 712 propuestas, presentadas por 4051 estudiantes de 89 países. Desde la creación del programa, más de veintiocho mil jóvenes han presentado proyectos.
- International Physics Masterclasses. El Grupo Internacional de Divulgación de la Física de Partículas (IPPOG) permite que estudiantes de entre 15 y 19 años trabajen con datos reales procedentes de experimentos de física de partículas. Cada año participan más de 13 000 estudiantes de unos 60 países, en actividades organizadas por alrededor de 225 universidades y centros de investigación. Al finalizar, los grupos comparan sus resultados mediante videoconferencias internacionales.
- Science is Wonderful! y Researchers at Schools. Dentro de las Acciones Marie Skłodowska-Curie, la Comisión Europea promueve el contacto directo entre investigadores y alumnado. Science is Wonderful! reúne cada año en Bruselas a escolares y científicos mediante experimentos y demostraciones. En 2026 participaron más de 150 investigadores de más de 30 países y asistieron 4500 jóvenes. Researchers at Schools traslada este contacto con la investigación al entorno educativo.
Aunque difieren en escala y especialización, estas iniciativas comparten un principio: acercar al alumnado a los procedimientos propios de la investigación. Formular preguntas, diseñar experimentos, realizar observaciones, interpretar datos y contrastar evidencias permite comprender la ciencia como un conjunto de conocimientos y como una forma sistemática de obtenerlos y revisarlos.
Educar en ciencia para ampliar oportunidades
La educación científica influye en la imagen que niños y jóvenes construyen de la ciencia como opción académica y profesional. Las vocaciones dependen de factores como las expectativas del entorno, la orientación recibida, los referentes disponibles y la posibilidad de experimentar la ciencia de forma cercana y vinculada con problemas reales.
Estas oportunidades todavía se distribuyen de manera desigual. Los informes europeos y españoles muestran que las mujeres son mayoría en el conjunto de la educación superior, pero siguen infrarrepresentadas en varias ramas STEM, especialmente en ingeniería, tecnologías de la información y determinados itinerarios de Formación Profesional. La brecha también persiste en algunas etapas avanzadas de la carrera académica e investigadora.
La manera de enseñar y divulgar ciencia puede influir en la relación del alumnado con estas materias. Un estudio promovido por FECyT y CosmoCaixa siguió durante dos cursos escolares a más de 2500 estudiantes de secundaria para analizar el efecto de distintas actividades científicas. Según resultados difundidos por FECyT, el interés por estudiar ciencias aumentó cerca de un 6 %, y el incremento fue especialmente apreciable entre el alumnado que partía de un rendimiento académico más bajo. Los datos apuntan a que el contacto con actividades científicas puede ampliar el interés del alumnado. No permiten concluir por sí solos que una intervención concreta corrija las desigualdades de género o de origen socioeconómico. Para conocer el alcance de sus efectos es necesario considerar el diseño, la duración, el contexto y los grupos participantes en cada actuación.
Ciencia en redes
YouTube, TikTok, Instagram, Twitch y los pódcast han ampliado los espacios en los que se enseña y aprende ciencia. Divulgadores especializados explican conceptos mediante animaciones, experimentos, entrevistas o vídeos breves capaces de despertar la curiosidad de públicos que quizá no buscarían esos contenidos en un libro o una conferencia. Su lenguaje cercano puede complementar el trabajo del aula, proporcionar nuevos referentes y visibilizar los procesos, las personas y los perfiles profesionales vinculados con la producción de conocimiento.
Un ejemplo fue Science Truck, proyecto puesto en marcha por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) en diciembre de 2018. En su etapa inicial, el programa llevó a centros de Educación Secundaria a divulgadores de YouTube, entre ellos el físico Javier Santaolalla y la entonces doctoranda Inés Dawson. Las sesiones, emitidas desde los centros educativos, combinaron explicaciones, preguntas del alumnado y participación de especialistas en distintas disciplinas.
El formato plantea sus propios retos. Muchas plataformas emplean sistemas de recomendación optimizados para mantener la interacción del público mediante señales como el tiempo de visualización, los clics o las reacciones. Esos criterios no garantizan por sí mismos el rigor científico de los contenidos seleccionados. La brevedad puede borrar matices, y una explicación convincente no siempre está respaldada por evidencias.
La respuesta educativa no consiste en excluir estos contenidos digitales, sino en incorporarlos de forma crítica: comparar vídeos sobre un mismo asunto, identificar las fuentes, distinguir entre divulgación y opinión o reconstruir el razonamiento que conduce a una conclusión. El profesorado adquiere así una función decisiva: ayudar al alumnado a pasar de consumir contenidos científicos a interrogarlos, contrastarlos y comprenderlos.
Explicar lo complejo
La energía nuclear ilustra con especial claridad los retos de la educación científica. En ella confluyen conceptos físicos difíciles de visualizar, aplicaciones diversas, acontecimientos históricos, decisiones políticas, consideraciones ambientales y percepciones sociales sobre la seguridad y el riesgo. Además, el alumnado llega al aula con imágenes e ideas procedentes de la cultura popular, asociadas con frecuencia al armamento o a los accidentes nucleares.
La primera dificultad consiste en diferenciar conceptos que el lenguaje cotidiano suele confundir. Radiación y radiactividad no son términos equivalentes; tampoco lo son peligro, exposición y riesgo. Los posibles efectos dependen, entre otros factores, del tipo de radiación, la dosis y la tasa de dosis, la vía de exposición y la parte del organismo expuesta. Sin estas distinciones resulta difícil construir una comprensión adecuada.
También es necesario situar el fenómeno en un contexto más amplio. La energía nuclear y las radiaciones ionizantes se asocian a acontecimientos que aún marcan la memoria colectiva, pero las tecnologías nucleares y radiológicas se emplean asimismo en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades, la investigación, la industria, la agricultura, el análisis de materiales y la conservación del patrimonio.
El Consejo de Seguridad Nuclear ha publicado una nueva edición de sus Guías didácticas para centros de enseñanza primaria y secundaria sobre radiación y protección radiológica, actualizadas por la Dirección Técnica de Protección Radiológica del CSN en colaboración con la Sociedad Española de Protección Radiológica (SEPR). El material aborda las radiaciones ionizantes, sus usos cotidianos y los principios básicos de protección radiológica, y está concebido como apoyo para el profesorado de Educación Primaria y Secundaria.
Una cámara de niebla permite hacer visibles las trayectorias de determinadas partículas cargadas ionizantes. El dispositivo contiene un vapor sobresaturado, normalmente de alcohol. Cuando una partícula cargada atraviesa ese medio, ioniza las moléculas que encuentra a su paso. El vapor se condensa alrededor de los iones y forma una sucesión de pequeñas gotas que permite observar la trayectoria seguida por la partícula.
Las diferentes formas y longitudes de las estelas aportan información sobre el tipo de interacción, aunque la cámara no identifica por sí sola el origen exacto de cada partícula. En un entorno educativo permite mostrar las trazas producidas por partículas asociadas a la radiación cósmica y al fondo radiactivo natural. Utilizada junto con otros instrumentos y con una explicación adecuada, ayuda a comprender que la radiación ionizante también puede tener un origen natural y forma parte del entorno.
Comprender una tecnología no determina su aceptación o rechazo, pero permite fundamentar mejor la posición adoptada. Esta es una de las principales aportaciones de la educación científica.
Debates científicos en el aula
La genética abre posibilidades en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades, al tiempo que plantea interrogantes sobre la privacidad y los límites de determinadas intervenciones. El desarrollo de sistemas de inteligencia artificial se apoya en disciplinas como las matemáticas, la programación y el tratamiento de datos, y suscita debates sobre los sesgos, la propiedad intelectual y la responsabilidad por las decisiones automatizadas.
Una actividad didáctica puede consistir en pedir al alumnado que diseñe un sistema eléctrico capaz de atender la demanda de un territorio. Para hacerlo, debe comparar fuentes de energía a partir de datos sobre emisiones, disponibilidad, capacidad de producción, costes, ocupación del suelo, materias primas, residuos y necesidades de almacenamiento o respaldo. Si todos los grupos trabajan con la misma información científica, no necesariamente llegarán a la misma solución: unos pueden priorizar la reducción de emisiones; otros, la seguridad del suministro, el precio o la autonomía energética.
El ejercicio muestra que la evidencia científica permite contrastar afirmaciones, descartar aquellas que resultan incompatibles con los datos disponibles y anticipar posibles consecuencias. Sin embargo, no establece por sí sola qué criterios debe anteponer una sociedad. Esa decisión exige hacer explícitos los valores y las prioridades que la orientan.
Decidir con conocimiento
La educación científica enseña a observar, formular preguntas, experimentar cuando resulta pertinente, interpretar resultados y comprender cómo se construye una explicación fiable. Los proyectos desarrollados en las aulas, la formación del profesorado y la colaboración con universidades, centros de investigación e instituciones científicas acercan ese proceso al alumnado.
La energía nuclear, el cambio climático, la genética o la inteligencia artificial ofrecen problemas concretos con los que aprender. Convertir la curiosidad en conocimiento y favorecer que niños y jóvenes perciban la ciencia como una forma de explorar, comprender y participar en el mundo constituye uno de los principales retos de la relación entre ciencia y educación.

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